18.8.08


Hay un mito, una leyenda urbana en el mundo de la moda que se llama vintage. Ya saben, eso que no existe. Es como el chic. O la sofisticación. O la estupidez. “El vestido de siete dólares” podría ser una leyenda urbana pero no lo es. En realidad es una leyenda urbana cargada de matices. El vestido de siete dólares es un vestido que Carrie Bradshaw, icono generacional o sueño generacional, mediante encontró perdido por alguna tienda de segunda mano rebautizada -con subida de precios- en vintage. Buscando una identidad, ya saben. Encontró tras dos horas el vestido perfecto y por sólo “siete dólares”. Esto es una leyenda urbana.


Para encontrar el vestido perfecto no se necesitan dos horas. Sólo se necesita un segundo. Ese segundo que te paraliza el corazón. Ya, sólo es un vestido. Pero tiene que ser tuyo. Ese es el vestido perfecto. Nada de siete dólares. Nada de “con unos zapatos de cuatrocientos”. Nada de amantes y cócteles de sábado por la noche y nada de filosofía barata. Vestidos perfectos a siete dólares no existen. Primer precedente. Existen vestidos pasables, aceptables por ese precio. Pero, reconozcámoslo, la mejor parte ha sido buscar el vestido.

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